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La aventura en Islandia de la castellonense Sara Segarra

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A sus 31 años asume “encantada” el reto de competir a 4.500 kilómetros de casa

La castellonense Sara Segarra (31 años) seguirá disfrutando del voleibol otra temporada más, pero la aventura del curso 20/21 la recordará de por vida. Segarra se ha instalado a más de 4.500 kilómetros de casa, concretamente en Siglufjörður , una pequeña localidad  (1.800 habitantes) de Islandia. La jugadora castellonense milita en el equipo Blakfelag Fjallabyggoar, de la segunda división. “La oferta me llegó a través de un amigo que ya vivía aquí y además el entrenador del equipo es español (el cántabro Óscar Célis). La verdad es que no me lo pensé mucho, acepté la oferta rápido porque soy aventurera, he vivido en Estados Unidos y en Roma y esta oportunidad no la iba a dejar pasar”, explica Sara Segarra, que además sigue jugando como opuesta, la posición en la que más cómoda se encuentra y en la que ya actuaba el año pasado en L’Illa Grau de Superliga 2.

El idioma no ha supuesto ningún problema para Segarra “porque todo el mundo habla inglés, incluso los niños. De islandés es imposible intuir nada porque es muy difícil y llevo pocas semanas aquí, pero con el inglés se va a todo los sitios y la gente es muy amable”.

La jugadora castellonense asegura que esta aventura en Islandia es atractiva como experiencia vital y también a nivel económico. “Aquí los clubes no pagan directamente, pero sí te consiguen un trabajo. Yo estoy en un ‘bakery’ (cafetería/panadería) y después entreno y juego”, explica Sara Segarra, que comparte piso con su entrenador.

La opuesta de Castellón está “encantada” en Siglufjörður. “Es todo muy virgen y el pueblo está totalmente integrado en la naturaleza. Incluso en las ciudades más grandes los edificios son bajos y estás siempre rodeada de montañas y agua. Ahora mismo voy con chaqueta de nieve pero no creo que el frío sea un problema porque aquí me han dicho que es difícil bajar de los cinco grados bajo cero”, señala.

Sara Segarra estudió empresariales pero su gran pasión es el voleibol. Ha competido en pista, playa y también ha ejercido como árbitro. “Empecé de niña en el atletismo y no toqué una pelota de voleibol hasta los 22 años. Luego me enamoré de este deporte”, concluye la castellonense.